El talento no se retiene. Se cultiva o se pierde.
Las políticas de retención son una ilusión de control.
Las políticas de retención prometen control.
Pero el talento no responde a mecanismos.
Responde a sentido.
Las personas se quedan donde sienten que crecen. Y se van cuando sienten que se estancan.
Ningún bono compensa la falta de desafío. Ningún beneficio reemplaza el reconocimiento genuino.
El talento no quiere ser retenido. Quiere ser visto. Quiere ser desafiado. Quiere importar.
Y cuando eso falta, cualquier oferta externa se vuelve tentadora.
No porque sea mejor.
Sino porque promete lo que falta.
Cultivar talento no es un programa de HR.
Es una decisión de liderazgo.
¿Hay espacio para crecer? ¿Hay conversaciones difíciles? ¿Hay confianza para proponer?
Donde hay cultivo, hay raíces.
Donde solo hay retención, hay escape.