Reducir el equipo no siempre es eficiencia. A veces es evasión.
Lo fácil de contar no siempre es lo correcto de hacer.
Reducir costos laborales da resultados rápidos.
Pero también deja huellas profundas.
El recorte de personal suele presentarse como "ajuste estratégico". Pero no siempre lo es.
Muchas veces es la salida más visible, no la más efectiva.
Más fácil de justificar ante el directorio. Más difícil de reparar en la cultura.
Porque cuando se reduce sin diagnóstico real, no se resuelve un problema.
Se posterga.
Y lo que queda no es un equipo más ágil. Es un equipo más tenso.
Sobrecarga. Desconfianza. Silencio.
Las organizaciones que recortan por presión externa suelen repetir el ciclo.
Las que lo hacen por convicción estratégica, lo sostienen.
¿La diferencia?
Una tiene plan. La otra, urgencia.