Estrategia

El capital consciente no es una moda. Es una presión.

Cuando el dinero pregunta por el propósito, la respuesta no puede ser PowerPoint.

Hace una década, hablar de propósito era un ejercicio de comunicación.

Hoy es un requisito de acceso al capital.

El dinero cambió. Y los que lo mueven también.

Inversores, fondos y family offices empiezan a mirar más allá del retorno financiero. No por idealismo. Por gestión de riesgo.

Reputación. Regulación. Talento. Resiliencia.

El capital consciente no pide buenas intenciones. Pide coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Y eso cambia todo.

Porque el propósito deja de ser narrativa.

Pasa a ser estructura.

Y cuando el dinero empieza a preguntar por lo que no se ve, la organización tiene que empezar a medir lo que antes ignoraba.

¿Cuánto contaminás? ¿Cómo tratás a tu gente? ¿Qué hacés con los datos? ¿Tu cadena de valor respeta lo que prometés?

No hay espacio para ambigüedad.

Y eso no es una moda.

Es presión sistémica.