Conversaciones

"No quiero llegar a la cima de una montaña que no elegí escalar."

Lucas Moreau

Fundador de una nueva generación, Moreau Studio

¿Y si casi todo lo que aprendimos sobre el éxito ya no sirve?

Lucas Moreau tiene poco más de veinte años y ya rechazó el camino que su entorno esperaba de él. Le pedimos que pusiera en palabras algo que su generación intuye pero que a las anteriores les cuesta escuchar: otra idea de autoridad, de ambición y de trabajo.

Es fácil descartar a los jóvenes como impacientes o desorientados. Esta conversación toma en serio sus preguntas, que muchas veces incomodan justamente porque son razonables.

¿Qué es lo que tu generación ve y las anteriores no?

Que el trato dejó de cerrar. A nuestros padres les dijeron: entregá tu vida al trabajo y a cambio vas a tener estabilidad y sentido. Nosotros vimos a mucha gente cumplir su parte y no recibir ni lo uno ni lo otro.

No es que seamos vagos, como a veces se dice. Es que dejamos de creer en una promesa que ya falló delante nuestro. Pedimos otra cosa porque vimos el precio de la anterior.

¿Cómo pensás la autoridad?

Como algo que se gana en la relación, no que viene con el cargo. A mí que alguien tenga un título arriba de la puerta no me dice nada; me dice algo cómo trata a la gente, si sabe de lo que habla, si cumple lo que promete.

No es que no respetemos la autoridad. Respetamos la autoridad real y desconfiamos de la puramente formal. La diferencia es que ya no las confundimos, y eso a algunos jefes los descoloca.

¿No hay algo de impaciencia en querer todo rápido?

Sí, y lo reconozco como límite. Crecimos con respuestas instantáneas y eso nos hizo malos para el proceso largo. Es una debilidad real y la estoy trabajando.

Pero también hay una parte que no es impaciencia sino lucidez: ¿por qué pagar diez años de derecho de piso haciendo algo sin sentido, si el mundo puede cambiar por completo en ese tiempo? No es que no queramos esforzarnos. No queremos esforzarnos en cosas vacías.

¿Qué significa el éxito para vos?

Poder mirar mi vida cotidiana y que me guste, no llegar a una foto final. La generación anterior aplazaba la vida: 'ahora sufro, después disfruto'. Vi a demasiada gente llegar al 'después' vacía o enferma.

Para mí el éxito es la calidad de mis días, no el tamaño de mis logros. Suena chico, pero es más difícil de lo que parece, porque no hay aplauso para eso.

¿La ambición está mal vista en tu generación?

La ambición de poder y estatus, sí, bastante. Pero no desapareció; cambió de objeto. Somos ambiciosos con la libertad, con el tiempo propio, con hacer algo que importe. Eso también es ambición, solo que apunta a otro lado.

Lo que rechazamos es la ambición que te consume para impresionar a gente que no te importa. No la energía de querer algo grande, sino querer algo grande que en el fondo no elegiste.

¿Qué te parece injusto que les critiquen a los jóvenes?

Que nos digan frágiles por poner límites. Que alguien no acepte que lo maltraten en un trabajo no es fragilidad, es salud. Confunden nuestra falta de tolerancia al abuso con falta de temple.

Lo que las generaciones anteriores aguantaron en silencio no era fortaleza necesariamente; muchas veces era falta de opciones. Tener opciones y usarlas no nos hace débiles.

¿Y qué reconocés que las generaciones anteriores hacían mejor?

El compromiso sostenido, sin duda. La capacidad de quedarse, de aguantar el aburrimiento y la dificultad de algo largo. Nosotros nos vamos rápido cuando se pone difícil, y a veces justo antes de que valiera la pena.

También la paciencia para construir vínculos hondos, que no se hacen con un clic. Ahí tenemos mucho que aprender de ellos, aunque nos cueste admitirlo.

¿Cómo imaginás el trabajo dentro de veinte años?

Menos como un lugar al que se pertenece y más como algo que se arma y se rearma. Creo que la idea de una identidad ligada a una sola empresa para toda la vida ya se está muriendo.

Ojalá vaya hacia algo donde el trabajo sea una parte importante de la vida, pero no toda la vida. No trabajar menos por vagancia, sino porque una vida entera reducida al trabajo empezamos a verla como un empobrecimiento, no como un logro.

¿Qué te da miedo de tu propia generación?

Que la desconfianza tan grande que tenemos nos deje sin construir nada. Cuestionar todo está bien, pero en algún momento hay que comprometerse con algo imperfecto, y a eso le tememos, porque comprometerse es arriesgarse a perder.

Me da miedo que confundamos tener todas las opciones abiertas con ser libres. A veces la libertad es elegir una cosa y bancarla, y esa forma de libertad la estamos perdiendo.

La cima hacia la que estás subiendo, ¿la elegiste vos, o solo nunca te preguntaste si era la tuya?