Conversaciones
"No creo cosas nuevas. Presto atención a lo que ya estaba ahí y nadie miraba."
Irene Lombardi
Artista y directora creativa, Estudio Lombardi
La intuición es una forma de inteligencia que todavía no aprendimos a explicar
Irene Lombardi trabaja en el terreno más incómodo para cualquier lógica de gestión: hacer que exista algo que antes no existía, sin garantías, sin métricas, sin certeza de que va a funcionar. Le pedimos que tradujera cómo piensa alguien que crea.
El pensamiento creativo suele romantizarse o descartarse como poco serio. Esta conversación lo toma en serio como forma de conocimiento, distinta pero no inferior a la del análisis.
¿De dónde viene una idea que antes no existía?
Casi nunca de la nada. Viene de conectar cosas que ya estaban pero que nadie había puesto juntas. La originalidad, en general, es una asociación inesperada más que una invención pura.
Por eso la materia prima es la atención. Yo no soy más creativa que otros; miro más rato, y miro cosas que la gente considera que no vale la pena mirar. Ahí aparece lo nuevo.
¿Se puede confiar en la intuición para decisiones importantes?
Depende de qué intuición. La intuición entrenada, la de alguien que hizo miles de horas en algo, es información comprimida: sabe sin poder explicar por qué sabe. Esa es confiable.
La intuición del principiante, en cambio, es solo deseo disfrazado. El truco está en distinguir la corazonada que viene de la experiencia de la que viene de las ganas. No es lo mismo.
¿Cómo convivís con no saber si lo que hacés va a funcionar?
Aceptando que 'funcionar' es una pregunta que llega demasiado pronto. Si me pregunto eso mientras creo, me paralizo. Primero hago; el juicio viene después, nunca durante.
Separé los dos momentos: el de crear, donde no se juzga nada, y el de editar, donde se juzga todo sin piedad. Mezclarlos mata la obra antes de que nazca.
¿El miedo al ridículo mata más ideas que la falta de talento?
Muchísimas más. El talento está bastante repartido; lo que escasea es la disposición a hacer algo que puede salir mal delante de otros. La mayoría de las ideas mueren no porque sean malas, sino porque a alguien le dio vergüenza mostrarlas.
Crear es exponerse. No hay forma de hacer algo genuinamente nuevo sin arriesgarte a que se rían. El que no tolera esa incomodidad se condena a repetir lo seguro.
¿Qué relación hay entre disciplina e inspiración?
La inspiración es un invitado que solo aparece si la mesa ya está puesta. Si espero la inspiración para empezar, no llega nunca. Si me siento a trabajar todos los días, aparece a mitad de camino.
La idea de que el creador espera la musa es un mito cómodo. Los que crean de verdad tienen rutinas casi aburridas. La inspiración es un premio al que ya estaba trabajando.
¿Qué se pierde cuando todo se mide?
Se pierde lo que todavía no tiene forma de medirse, que suele ser lo más importante. Lo valioso al principio casi nunca se puede cuantificar; si solo hago lo medible, me quedo con lo obvio.
La métrica es buenísima para mejorar lo que ya existe y pésima para descubrir lo que no existe. Confundir las dos funciones mata la innovación mientras cree que la ordena.
¿Cambió tu forma de ver tu propio trabajo con los años?
Sí. Antes quería que cada obra fuera perfecta y definitiva. Hoy entiendo mi trabajo como una conversación larga: cada pieza es una frase, no la última palabra. Eso me sacó una presión que era estéril.
También dejé de creer que la obra es mía del todo. En el momento en que alguien la mira, la completa con su propia historia. Yo pongo la mitad; el que observa pone la otra.
¿Qué pueden aprender las organizaciones de cómo piensa un artista?
A tolerar el borrador. En las empresas todo tiene que salir presentable de una, y eso hace que la gente se autocensure antes de arriesgar. En mi taller el borrador feo es sagrado; es donde vive lo posible.
Y a proteger el tiempo sin resultado inmediato. Lo que no produce hoy puede ser la semilla de todo lo de mañana. Las organizaciones que exprimen cada minuto matan justamente el ocio fértil donde nacen las ideas.
¿Qué es lo que todavía no te animaste a crear?
Lo que más me importa, siempre. Hay una obra que pospongo hace años porque me expone demasiado, porque si sale mal duele de verdad. La sigo esquivando con proyectos más seguros.
Creo que uno siempre le tiene un poco de miedo a su obra más honesta. Y sospecho que esa, la que da miedo, es exactamente la que hay que hacer.
¿Qué idea venís posponiendo no porque sea mala, sino porque te da miedo que sea buena?