Conversaciones

"Casi ningún problema está donde duele. Duele donde el sistema decidió descargar la tensión."

Clara Benegas

Estratega, Cámara Lab

Vemos personas donde deberíamos ver estructuras

Clara Benegas estudia por qué las organizaciones, y las personas dentro de ellas, hacen una y otra vez cosas que saben que no les convienen. Le pedimos que explicara cómo piensa alguien que ve sistemas donde el resto ve individuos.

Solemos explicar los problemas por el carácter de las personas: alguien falló, alguien no se esforzó. Esta conversación propone otra lente, más incómoda: la de las estructuras que hacen inevitable lo que criticamos.

¿Qué significa pensar en sistemas?

Significa dejar de preguntar 'quién falló' y empezar a preguntar 'qué hizo que esto fuera lo más probable'. Casi siempre, cuando mucha gente distinta comete el mismo error en un mismo lugar, el problema no es la gente: es el diseño.

Culpar a la persona es cómodo porque cierra el tema rápido. Pero si no cambiás la estructura, cambiás de persona y el error vuelve. El sistema es más fuerte que la buena voluntad individual.

¿Por qué nos cuesta tanto ver las estructuras?

Porque nuestra cabeza está cableada para ver actores y culpables, no procesos invisibles. Es una herencia útil para sobrevivir —'¿quién es la amenaza?'— pero pésima para entender problemas complejos.

Además, ver estructuras nos quita el consuelo del villano. Es más tranquilizador pensar que el problema es una persona mala que aceptar que un sistema que todos sostenemos produce el daño sin que nadie sea malo.

¿Las personas somos tan libres como creemos al decidir?

Mucho menos de lo que nos gusta pensar. Decidimos dentro de contextos que empujan fuerte: incentivos, normas, lo que hacen los demás. Cambiá el contexto y las mismas personas deciden distinto, sin haber cambiado ellas.

Esto no quita la responsabilidad, pero la ubica mejor. Si querés que la gente decida bien, no alcanza con pedírselo: tenés que diseñar un entorno donde decidir bien sea lo fácil y no lo heroico.

¿Cuál es el error de análisis más frecuente que ves?

Confundir la causa con el síntoma. La gente ataca donde el problema se manifiesta, no donde se origina. Es como tomar un calmante para un dolor que avisa de otra cosa: alivia hoy y agrava mañana.

El síntoma grita y la causa es silenciosa. Por eso las organizaciones viven apagando incendios en el mismo lugar, sin darse cuenta de que el fuego se enciende en otro lado.

¿Las soluciones rápidas suelen empeorar las cosas?

Muy seguido, y de una forma traicionera: funcionan al principio. Esa mejora inmediata es lo que las vuelve peligrosas, porque te convence de seguir por un camino que a largo plazo te hunde.

Los sistemas tienen demoras. La consecuencia de una decisión no llega enseguida, y para cuando llega, ya la desconectamos de su causa. Así celebramos soluciones que en realidad estaban sembrando el próximo problema.

¿Cómo se piensa a largo plazo cuando todo empuja al corto?

Haciendo visible lo invisible. El corto plazo gana porque sus efectos se ven y los del largo plazo no. Parte de mi trabajo es traer al presente las consecuencias futuras, para que pesen en la decisión de hoy.

Ayuda preguntar 'y después, ¿qué pasa?', y volver a preguntarlo tres veces. Casi ninguna decisión sobrevive intacta a esa cadena. Ahí aparecen los costos que el entusiasmo inicial escondía.

¿Cambiaste de opinión sobre cómo cambian las personas y las organizaciones?

Sí, bastante. Creía en el cambio por convencimiento: si explicás bien, la gente cambia. Hoy sé que el argumento solo casi nunca alcanza. La gente cambia cuando cambia lo que la rodea, no cuando la convencés.

Dejé de creer en las grandes reformas de arriba hacia abajo. Los cambios que aguantan son pequeños ajustes de estructura que, con el tiempo, mueven el comportamiento de todos sin que casi nadie lo note.

¿Qué contradicción entre lo que creemos y lo que funciona te sorprende más?

Que creemos que más control mejora los resultados, y muy seguido los empeora. El control excesivo mata la iniciativa y hace que la gente trabaje para el indicador en vez de para el objetivo real.

Otra: creemos que los incentivos fuertes motivan siempre. Pero para tareas que requieren criterio, un premio grande suele estrechar la mirada y empeorar la decisión. Lo que funciona rara vez es lo que la intuición gerencial supone.

Si pudieras cambiar una sola creencia sobre cómo funcionan las organizaciones, ¿cuál sería?

La idea de que basta con encontrar a la persona correcta. Ponés a alguien brillante en un sistema roto y el sistema gana casi siempre. La fantasía del salvador nos evita el trabajo aburrido de arreglar la estructura.

Me gustaría que, antes de cambiar a la persona, la gente se preguntara qué del entorno haría fracasar hasta al mejor. Esa pregunta, sola, evitaría una enormidad de decisiones equivocadas.

El último problema que atribuiste a alguien, ¿seguiría pasando si esa persona se fuera y el sistema quedara igual?